lunes, 14 de julio de 2014

LOBO SIEMPRE ESTÁ - 1era. parte / WHO'S AFFRAID OF THE BIG BAD WOLF - part 1




LOBO SIEMPRE ESTÁ
Por Diego Fiorucci

   A menudo los padres, abuelos, adultos, envuelven al chico en mundo seguro y engañoso. Tan temerosos de que una mancha enturbie la blanca cabeza del pequeño que despojan de riesgos la fantasía y restringen la imaginación.
   Esto tiende a afectar al cuento que eligen contar por las noches, ése que cierra la jornada dando comienzo al sueño. Y no es de extrañar que esos reparos se trasladen a muchos de los textos que se escriben, reprimiendo las pesadillas, los temores naturales, endulzando la narrativa hasta que la ausencia de otros sabores, el contraste, la vuelve insulsa.
   A diferencia de estas pretensiones, los cuentos clásicos, más aún en sus versiones primitivas, encierran un mundo más complejo, lleno de altibajos emocionales. Hay tragedia y drama, y una poética desatada donde la metáfora realmente lo es y no espera traducciones de manual.
   Pero antes que nada hay peligro, hay temor. Miedo real. Porque no existe miedo mayor que el que se experimenta en la infancia. El miedo más delicioso.
   Es que esos cuentos le hablan al niño, no a sus padres. Conforman las imaginerías libres de quienes todavía no han sido perjudicados por maestros y escuelas. No cumplen, obsecuentes, con las comodidades de una paternidad que esquiva las dudas y los cuestionamientos. Ayudan a negociar con los terrores del mundo, los más terribles, los del mundo interno. Le hablan al niño de su dualidad, le acercan la idea de modo amable y creativo.
   Por eso se pasean por esos mundos gigantes y ogros, vuelan las brujas en sus escobas y brotan genios terribles de lámparas, ánforas, botellas o cajas mágicas. Por eso hay monstruos y demonios, y duendes perversos con nombres impronunciables, Barba Azules ejecutando esposas, manzanas envenenadas y hechizos fatales. Se habla de sangre sin tanto tapujo, la muerte es un tema presente. ¡Y los héroes!... Éstos han cocinado vivas a brujas, han cortado alguna mano tiempo atrás o matado a su consciencia de un zapatazo.
   Pero sobre todo hay lobos, animales voraces. Todo niño sabe de voracidad. Se esconden en el bosque, interceptan a sus víctimas o se meten sin permiso en casa ajena para saciar sus estómagos. Son monstruos devoradores de niños, hambrientos como niños, salvajes como niños. Y habremos de estar atentos. Porque cuando se abren estos universos el Lobo siempre está.
   ¡Cuidado madre! ¡Mujer desprevenida, confiada en esas mejillas rosadas! Cuentas el cuento ingenuamente y te esmeras por espantar las sombras del cuarto de tu niño. Crees construir un mundo sin monstruos ni bestias sin advertir que allí mismo..., con los ojos  bien abiertos y los oídos atentos..., está sentado el mismo Lobo..., devorando tu relato...




WHO'S AFFRAID OF THE BIG BAD WOLF
By Diego Fiorucci

    Parents, grandparents, adults, often wrap kids into a safe and deceptive world. They're so fearful that a stain could cloud the small white heads that
deprive fantasy of risks and restrict imagination.
    This tends to affect the story they choose tell at night, the one that closes the day kicking off to sleep. And it's no wonder that these repairs are carried to many of the texts that are written, suppressing nightmares, natural fears, sweetening narrative until the absence of other flavors, their contrast, becomes
them insipid.
    Contrary to these pretentions, the classics tales, mostly in their early versions, contain a more complex world full of emotional ups and downs. There is tragedy and drama, and unbound poetics where metaphor really is, and isn't expecting an easy translation.
    But at first place there is danger, there is fear. Real fear. Because, there's no greater fear than that experienced in childhood. The most delicious fear.
    Beacuse these stories speak to children, not to parents. They
agree the free imagery of those who have not yet been harmed by teachers and schools. They don't compliance, obsequious, with the comforts of some paternities that prefer to elude doubts and questions. They help negotiate with the terrors of the world, of the most terrible one, the internal world. They speak to children of their duality, they approach them such idea in a ​​friendly and creative way.
    So that's why giant and ogres wander around those worlds, witches fly on broomsticks and terrible genies
come out of lamps, vases, bottles or magic boxes. So there are monsters and demons, and evil dwarves with unpronounceable names, Bluebeards murdering their wives, poisoned apples and deadly spells. There is talk of blood without many subterfuges, death is a theme with presence. And heroes! ... They have cooked witches alive, have cut a hand time ago, or killed their consciousness by a shoe blow.
    But mostly there are wolves, voracious animals. All children know about voracity.
They hide in the forest, intercept their victims or enter somebody else's house without permission to satiate their stomachs. They are children-devourer monsters, hungry as children, wild like children. And we must be careful. Because when these universes are opened, the Big Bad Wolf is always there.
   Beware, you mother! Unsuspecting woman, confident about those rosy cheeks! You naively tell the story and strive for scaring the shadows in your child's room. You think you're building a world without monsters or wild beasts 
unaware that... right there... with eyes peeled and listening ears... the Big Bad Wolf sits... devouring your tale...


Video:
 
http://www.youtube.com/watch?v=i3FfjHqArnc&feature=youtu.be

1 comentario:

  1. Lo de ahorrarle mieditos a los niños es una costumbre de todos los adultos que prefieren narrar historias de hadas buenas, princesas rescatadas por príncipes valientes y hermanastras malvadas con la cenicienta futura princesa.Está bueno esto de fomentar la imaginación aunque adaptada a la etapa madurativa de cada niño.

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